jueves, 28 de mayo de 2015

Clara














Benito murió. Era uno de esos perros blancos con cabeza de burro. En principio debía transmitir temor, sin embargo, cuando pensaba en él, la ternura aparecía. 
El pobre, sufría de asma. Cada vez que defecaba, le entraba ataque de asma. Y cuanto más escarbaba en el terrazo, para inutilmente esconder el tema, más tosía. 
Estaba fuerte como un toro. A pesar de eso, su dueña le cantaba " Benito es un perro muy bonito y muy chiquitín". En la absoluta literalidad. También otras canciones y una constante retaila de palabras dirijidas hacia Benito, las cuales imagino, ilusionaban a ambos.
Un día dejé de oir a Benito toser y raspar el suelo. A ella tampoco le oía cantar. Lo sentí profundamente. 
No obstante, meses después llegó Clara. Y ella volvió a hablar con seres que no comprenden sus palabras aunque si su amor. Y volvió a cantar. Y yo volví a quejarme del ruido a traves del patio pequeño en el que escuchaba a Beni y de las voces de Rosa y Mercedes en el patio grande. Y volvió el ciclo. Volví a desvelarme y volví a escribir historietas de corrala.
Clara un día recibió dos alagos. Se sentía como una estrella rutilante. Me crucé con ella y casi me deja ciega con su resplandor. Es muy singular, única. Las canciones de María hicieron de ella un angel. Sin que ella lo sepa, su sencillez la eleva a la pura sofisticación formal y espiritual. Creo que no es muy consciente de su excepcionalidad, todavía.
Ese día, vi desde mi ventana como él se sentó a su lado. Sin duda, ella revienta de juventud con el colágeno al cien. Estaba tan nerviosa, que a pesar de su brillantez, solo soltaba incongruencias ridículas. Él es más mayor que Clara. Vi como al despedirse, Clara llegó a su puerta nadando a braza a traves del denso aire de julio. 
Y de lo que pasó el resto de días de piscina de aquel verano, ya os hablaré otro día.

Fotografías: Revista Elle España, Garance Doré y My daily style.

Lau.


No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...